“En todas las distintas expresiones apasionadas yace el otro”, es una de las frases emblemáticas del libro que hablaremos a continuación. “El infarto del alma”, es un libro que posee escritos y fotografías. La escritora a cargo, es Diamela Eltit, cuyos textos poseen directa relación con las fotografías, sacadas por Paz Errázuriz.
Por María Cecilia Pérez
El libro tiene su génesis y temática, en las parejas de “locos” que vivían recluidos en el manicomio de Putaendo. Al interesarse mucho en el tópico del amor y la locura, Diamela Eltit le propuso a Paz la elaboración de éste libro. Diamela se refiere a sus fuentes de inspiración diciendo que “son las parejas más poéticas que haya visto en mi vida, porque realmente no hay otro interés que no sean ellos. Eso me emocionó, ver una especie de metáfora en vivo frente a mí. Es una pareja muy abstracta y a la vez muy material” (Larraín, Ana María. “El cuerpo femenino es un territorio moral”, El Mercurio, 5 de enero de 1992, p.5 (suplemento))
Diamela lo escribió desde México, y para ello leyó muchos libros de literatura medieval y hospitales del siglo XIX. El resultado final quedó graficado en las palabras de Eltit: “Después de todo, he viajado para vivir mi propia historia de amor. Estoy en el manicomio por amor a la palabra, por la pasión que me sigue provocando la palabra. (Revista Cosas (166):100-101, 22 agosto, 1994).
El carácter que posee es más bien ensayístico, poético, uniéndose en un texto emotivo e inquietante.Una persona “loca” propiamente tal, es muy difícil de definir y tiene muchos aspectos que son posibles de rescatar. Paz Errázuriz tomó el lado “romántico de la locura”, haciendo hincapié en la búsqueda de los sentimientos y el contacto con los sentidos que los “locos” saben hacer mucho mejor que una persona normal. Es decir, libera la belleza que puede tener un fenómeno psicológico tan trágico como ese.
Retrata un poco de la oscuridad (fotos en blanco y negro) del encierro que representa el estar recluido en un centro médico de estas características, mientras que la escritora opone a la tristeza la idea del amor en la locura como una herramienta de evasión de la realidad.
Por otro lado, cuestiona los indefinidos límites del amor y la locura; se trata de un relato fragmentado que desafía la lógica narrativa donde los protagonistas posan frente a la cámara despojados de complejos y con la complicidad de los amantes descubiertos.
María Eugenia Brito Astrosa, en su ensayo “superposiciones, manchas y fragmentos de la escritura de Diamela Eltit y Páz Errázuriz”, sitúa el texto y lo conecta con los procesos modernos t el efecto que causa en nosotros según el paradigma cultural:
“Situado en el corte epistemológico de la modernidad, este texto la retoca, la camufla y la extrema. Hace de ella una alegoría, en que tanto lectura como mirada son acosadas por múltiples pulsiones que las sacuden de la economía libidinal de la cultura logo céntrica y las obligan a trazar su propia huella en una recomposición del vértigo que tales virajes exigen.”
En otras palabras, según las palabras de la ensayista recién citada, y lo que podemos entender del libro, es muy difícil traspasar de la fotografía a la palabra conceptos similares o parecidos, puesto que a fotografía llega de diferente manera que el texto al espectador. Sin embargo, el traspaso de sentimientos se hace efectivo una vez que las impresiones que nos causa el texto y aquellas que recibimos de la fotografía se unen en una sola gran idea.
La manera de hacer arte en este caso, es bastante diferente a otras maneras puesto que la fotografía queda condicionada a la interpretación que traspasa la escritora a través de sus textos y viceversa, por ende quita libertad a lee el libro, de tener su propia versión del efecto pulsional de las fotos en las demás personas.

Por lo mismo, las obras en sí mismas (textos y fotos independientes) pierden autonomía al estar entremezcladas unas con otras; lo cual no siempre es bueno tomando en cuenta que cada obra traspasa la propia visión del artista, superponiéndose una visión a la otra y predisponiendo las impresiones del espectador.
Ahora, es posible afirmar que contrarresta un poco los estereotipos de locura vistos en otro tipo de obras fotográficas. La locura también muestra cierto grado de felicidad y satisfacción dentro de las fotos de Paz Errázuriz, idealizando el estado en el ámbito amoroso. Se observa una entrega bastante grande del uno al otro. Los ojos ya no aparecen todos desorbitados, con la boca abierta, o con la faz llena de dolor, más bien se da cuenta de parejas cuyo enfoque no es solamente el vacío, sino la presencia de la otra persona.
En conclusión, podemos entender que este libro se presenta ante nosotros como una manera novedosa pero quizá (idealista en demasía) del amor y la locura; interconectándolos como si fuesen parte uno del otro, como si el límite estuviese muy vagamente definido al grado de poder fácilmente confundirse el uno y el otro.
Se quita del inconsciente colectivo la imagen de aquella persona que más que loca está casi endemoniada por sus propios pensamientos, demostrando que no sólo es posible ver a un “loco” que puede conservar ciertas facultades, sino también verlo como un ser capaz de amar igual o más que cualquier otra persona.

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