lunes, 9 de mayo de 2011

La locura en los brazos de la fotografía


Por Cecilia Rivera
Si hablamos de fotografía y su rol en la sociedad, probablemente llegaremos a la conclusión de que ésta juega un rol representativo importante. A través de una imagen fotográfica se intenta representar la realidad, plasmar situaciones, dar a conocer y/o reparar en aquello a lo cual no siempre ponemos atención.
Pero la fotografía también es constructora de imaginarios. Con una sola imagen bien armada (composición, estética, técnica, etc) se puede generar una visión acerca de lo que se aprecia en ella, incluso si lo que muestra no es tan real como pareciera.

Fotografía y representación de aquello que no vemos…
Bajo la idea de la fotografía como forma de representación, algunos fotógrafos han intentado mostrar una realidad que muchas veces escapa a lo cotidiano, pero que está ahí, presente en la realidad, aunque no seamos capaces de reconocerla y, en ocasiones, de aceptarla.
Una realidad que pareciera ser ajena a la rutina diaria de la sociedad es la locura, entendida por muchos como una incapacidad mental, como la falta de discernimiento entre la realidad y la ficción, una desadaptación a la cotidianeidad de la sociedad, una “anormalidad social”.
¿Qué o quién nos garantiza que una persona con limitaciones mentales no vive la realidad? Quizás la locura es una manera distinta de vivir, nada nos asegura que las experiencias de vida bajo esta condición no sean tan reales como las de una persona considerada “normal”.

Distintos lentes para una realidad
Varios fotógrafos, nacionales e  internacionales, han plasmado esta temática en alguno de sus trabajos. Es el caso de la fotógrafa nacional Paz Errázuriz, quien en su composición  “El infarto del alma”- donde retrata una serie de parejas recluidas en  el manicomio de Putaendo- cuestiona la manera en que la sociedad trata de imponer las reglas por las cuales deberían regirse las relaciones sociales y nos entrega una visión acabada de la locura, el amor y la marginalidad.
Una visión un tanto distinta es la que trató de representar el fotógrafo español José Cendón Docampo en su trabajo “Miedo en Grandes Lagos”, pues intentó capturar “motivos” por los cuales las personas podrían perder sus condiciones mentales normales, como es el caso de antiguos soldados y civiles traumados por las consecuencias de la Guerra del Congo.
Por otro lado, Alfred Eisenstaedt aborda con fotografías de época la locura desde la medicina y Jenn Ackerman denuncia la enfermedad mental en las prisiones de Estados Unidos.
En este blog intentaremos entregar una visión acabada de la realidad de las personas con problemas mentales, a partir de los trabajos fotográficos realizados por distintos profesionales y cómo éstos logran representar una realidad existente, pero de la cual la sociedad no es completamente consciente y que podría afectar a cualquier persona.
También, haremos un análisis de medios en torno al caso de María del Pilar Pérez (“La quintrala”), quien en un principio fue tildada de “loca”, como una forma de justificar su responsabilidad en los distintos crímenes de los que se le acusa.
Este es un caso emblemático, pues basta revisar los diarios para darse cuenta del poder representativo que tiene la fotografía, en donde juegan un rol fundamental la técnica y la estética a la hora de construir una idea respecto a la condición mental de esta mujer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario